Y que gran paradoja es esto de la vida
que en nada nos da y en nada nos quita.
Surcar mares solo nunca fue fácil
atravesar la tormenta como un náufrago
que verdaderamente nunca tuvo un barco,
atravesar las puntas de los cardenales
y que los ventrículos ya no den más de sí,
perderse en callejones que un día tuvieron salida
pero que al fin y al cabo la cerraron
porque se cansaron de suspirar por alguien que jamás iba a llegar.
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