
Y es que al final una acude al mismo lugar, un sitio donde no sentirse tan sola, un sitio en el que poder aferrarse bien fuerte sabiendo que él no te va a poder soltar, la ironía de tener esa certeza de seguridad en algo que realmente no puedes ver. Así que cierras los ojos y te convences, cuando realmente lo único que ves es un cuadro mal difuminado, líneas que no se entiendes y que no tienes las fuerzas de entenderlas siquiera. Esperas ese atisbo de mensaje que te consiga hacerte volver a caer en la inocencia, que pinte tu mundo de color, y que al final puedes llegar a comprender el cuadro.
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