martes, 9 de febrero de 2016

Para mi pequeña margarita.

10 de febrero

La escala del piano cambió
mi si bemol se acompañó
por los acordes de tu guitarra,
o quizás fuera del revés.

La canción triste cobró vida,
las notas fueron lanzadas 
por la ventana
para revivir cada mustio pétalo.

La sonata de despedida
se tocaba cuando hacía falta
pero nunca llegó a ser triste,
lo único que hacía era entrelazar
los cuerpos de las personas
y juntar sus bocas.

Las flores crecieron juntas en el jardín
protegiendo sus pétalos
de cualquier niña que se los arrancaban
para saber si las querían.

Las dos protagonistas de aquellas canciones,
Selene y Emma,
decidieron dejar a esas melodías huir
para ser las protagonistas de sus propias vidas.

La tinta y el papel se unieron
para formar más poesía
con la única función
de hacer sentir.

Encendieron cerillas 
de las que surgió un fuego
que pudo iluminar,
y gracias a la luz
el tren siempre pudo pasar
por las mismas vías.

Y ahora dime,
¿qué habría sido del si bemol sin los acordes de la guitarra?
¿qué habría sido del diente de león o el tulipán sin la margarita?
¿qué habría sido de Emma sin Selene?
¿qué habría sido del papel sin la tinta?
¿qué habría sido de las vías sin el tren?
¿qué habría sido del once sin el diez?
¿qué habría sido de la segunda sin la primera?
¿qué habría sido de cé sin eme?

Recobecos.


Siempre he querido ser una artista, admiro cada detalle de arte, es como si todo estuviese trazado de tal manera para dar una composición de algo que tenemos dentro de nuestra cabeza. A veces parece ser lo más lejano de la simple vida, y es raro, porque el arte no es otra cosa más que una manera de vivir. 

Expresarse no siempre es fácil, querer transmitir cada recobeco que forma nuestra cabeza es frustrante, es sentir esa impotencia de demostrar o simplemente enseñar algo y que por unas cosas o otras no salga, como mirarse a uno mismo en el espejo y empezar a pensar en lo raro que es saber que esa es tu imagen, que eres esa persona que se muestra en el reflejo y que esa es tu vida, ¿de verdad que nunca os ha pasado? Quizás nunca lo hayáis pensado, no sé, a mí me pasa muchas veces, igual lo que pasa es que a veces sólo cuesta reconocerse a uno mismo.

Igual me estoy yendo mucho por las ramas, sólo vengo a expresar qué es lo que pienso y siento, vengo a compartir historias que no le susurro a nadie y que únicamente escribo en cada tecla de este ordenador.